Escuela de Verano Argentina 2017 | Por amor a Su Belleza
El objetivo de este blog es compartir las charlas, material bibliográfico, talleres y fotos de la Escuela de Verano Argentina.
miércoles, 2 de mayo de 2018
miércoles, 5 de abril de 2017
Un pequeño ensayo sobre Las Palabras Ocultas | Presentación de Eugenio Dornbrook
Cuando uno intenta abordar un tema como "Las Palabras Ocultas", le viene un sentimiento de como abarcar el océano
en una taza. Estamos familiarizados con los Diez Mandamientos de Su Santidad Moisés o la Beatitudes de Señor Jesús
que ya siguen inspirando a millones de personas desde hace unos 300 años.
Bahá'u'lláh afirma que las Palabras Ocultas son la "esencia íntima" de lo que ha sido "revelado a los Profetas de antaño".
En otro verso Bahá'u'lláh se refiere a 10,000 profetas antes de Adán. Entonces ya empezamos a tener una intimación de la grandeza de esta obra.
También Shoghi Effendi nos asegura que el ciclo bahá'í durará 500,000 años, otra indicación de lo fundacional de esta obra.
El amado Guardián también describe las Palabras Ocultas como la «dinámica levadura espiritual, lanzada a la vida del mundo para la reorientación de las mentes de los hombres, la edificación de sus almas y la rectificación de su conducta». Cuando escuchamos la palabra levadura, sentimos como ocurre este proceso de transformación que se va “fermentando” en nuestras almas cuando las Palabras Ocultas penetran en nuestros corazones.
En el gran proceso de educaciónn espiritual que la comunidad bahá’í ha lanzando en el mundo las Palabras Ocultas juega un papel primordial. Ya cuando cursamos el primer nivel “Reflexiones de la Vida del Espíritu” las Palabras Ocultas entra entre nuestras primeras prácticas. Y muchas de las “palabras” que comenzamos a memorizar son Palabras Ocultas.
¡Abdul-Bahá exhorta
“Nos obliga a todos a recitar día y noche tanto las palabras ocultas persas como árabes, para orar fervorosamente y suplicar con lágrimas que podamos conducirnos de acuerdo con estos consejos divinos. Estas Sagradas Palabras no han sido reveladas para ser escuchadas, sino para ser practicadas.”
('Abdu'l-Bahá, de un Tablet a un individuo - traducido del persa)
Es un gran pero inmensamente fructífero desafío recitarlas “día y noche” y no solo escucharlas sino ponerlas en práçtica.
Para no extender mucho este breve reseña solo recomiendo leer el prólogo que la Mano de la Cause George Townshend escribió para las Palabras Ocultas. Lo pueden encontrar en http://www.bahai.org.co/ escritos/palabras-ocultas.pdf.
Hagamos una pequeña reflexión sobre una de la Palabras Ocultas -
¡OH HIJO DEL HOMBRE!
“Velado en mi ser inmemorial y en la antigua eternidad de mi esencia, conocía mi amor a ti; por tanto te creé, grabé en ti mi imagen y te revelé mi belleza.”
Hoy en día, tanto en la comunidad científica como en la religiosa, se debate mucho la antigüedad del hombre en la Tierra. Hasta ahora se han encontrado restos de los primeros “homínidos” que datan de 3.600 millones años, una cifra que nos es casi inconcebible. Pero Bahá’ú’lláh afirma que Dios creó el “Hijo de Hombre” “en la antigua eternidad de mi esencia” - un concepto aún más “abstruso” (según ‘Abdu’l-Bahá) para la mente humana. Bahá’u’lláh afirma que no puede exisiir un Creador sin “creación”.
Esto es solo un ejemplo de esta “dinḿica levadura espiritual” que incita grandes reflexiones. Seguimos reflexionando, entonces.
Aquí hay algunos sitios útiles para seguir investigando
sábado, 25 de marzo de 2017
BAHÁ'U'LLÁH, La gloria de Dios | Presentación de Mabel Britez
Los amigos de la escuela
de verano me invitaron a compartir con ustedes un libro maravilloso
que seguramente todos tenemos en casa, y que fue editado en
mayo de 1992 en ocasión de la conmemoración del centenario del
fallecimiento de Bahá’u’lláh, por recomendación de la Casa
Universal de Justicia.
Es un libro
que hace un recorrido sobre la vida y obra de Bahá’u’lláh en
forma clara y nos orienta sobre como presentarlo a aquellos amigos
que no lo conocen, también es una introducción clara de fe para
presentar a Instituciones.
A primera
vista es un libro, de tan solo 54 páginas pero en la medida que
comenzamos a pasar las páginas se abren infinitas ventanas que nos
impulsa a investigar más, nos direcciona a nuevas búsquedas.
Encontramos 13 títulos cada uno con un pequeño desarrollo.
El
nacimiento de una nueva Revelación
Exilio
La
Declaración en el Jardín de Ridván
"La
Inmutable Fe de Dios"
La
Manifestación de Dios
"Una
civilización en continuo progreso"
El Día de
Dios
La
Proclamación a los Reyes
La llegada a
Tierra Santa
La religión
como luz y oscuridad
La Paz
Mundial
"No por
Mi propia Voluntad"
El Convenio
de Dios con la Humanidad
Este texto
ofrece una perspectiva del sentimiento de confianza con el que los
bahais de todo el mundo contemplan el futuro de nuestro planeta. La
necesidad crucial de la humanidad es encontrar una visión
unificadora de la naturaleza del hombre y la sociedad. En el último
siglo la respuesta de la humanidad a este impulso llevo a una serie
de trastornos ideológicos que convulsionaron nuestro mundo y que
ahora parecerían haberse agotado. La pasión puesta en esta lucha
testifica lo profundo de esa necesidad, pese a los resultados un poco
desalentadores, pues, sin convicción común acerca de curso y
dirección de la historia humana, es inconcebible que puedan echarse
las bases de una sociedad global a la sean capaces de comprometerse
las masas de la humanidad.
Tal visión
se desarrolla en los textos de Bahaullah la figura profética del
siglo XIX cuya influencia creciente es el hecho más destacable de
la historia religiosa contemporánea.
Nacido en
Persia el 12 de noviembre de 1817, a los 27 años inicia una empresa
que continua hasta nuestros días y que nos contiene, somos parte de
ello. Empresa que ha cautivado gradualmente la imaginación y la
lealtad de varios millones de personas prácticamente de todas las
razas culturas, y naciones de la tierra. El fenómeno es de tal
magnitud que no tiene punto de comparación en el mundo
contemporáneo.
Bahaullah
declaro ser nada menos que el Mensajero de Dios para la edad de la
madurez humana, el portador de una revelación Divina que cumple con
las promesas hechas en las religiones anteriores y que generara el
valor y los recursos espirituales necesarios para la unificación de
los pueblos.
Aún
sin hacer nada más los efectos que ya tuvieron la vida y los
escritos de Bahaullah deberían atraer la atención sincera de
cualquier persona que crea que la naturaleza humana es
fundamentalmente espiritual y que la organización venidera de
nuestro planeta debe estar inspirada en ese aspecto de la realidad.
La
documentación que acredita estas afirmaciones está abierta a la
investigación general, por primera vez en la historia, la humanidad
tiene a su disposición una crónica detallada y verificable de la
vida y obra del fundador de la nueva fe.
Hoy
en día prácticamente no existe región de mundo donde el modelo de
vida enseñado por Bahaullah no sea conocido. Los escritos de
Bahaullah abarcan una variedad de temas, desde cuestiones sociales
como la integración racial, la igualdad de sexos, el desarme, a
aquellas cuestiones que afectan la vida íntima del alma humana.
Los textos originales, muchos de ellos escritos de su puño, otros
dictados y ratificados por El, han sido conservados cuidadosamente y
un programa sistemático de traducción y publicación ha hecho que
los escritos de Bahá’u’lláh estén disponible al público en
general.
La
misión de Bahaullah se inició en una mazmorra de Teherán, en
agosto de 1852. Nacido en una familia noble cuyo linaje se remontaba
hasta las grandes dinastías del pasado imperial de Persia, no acepto
la carrera ministerial que le brindaba el gobierno y escogió en su
lugar dedicar su energía a diversas tareas filantrópicas que para
comienzos de la década de 1840 le habían ganado el amplio renombre
como el “Padre de los pobres”, esta vida privilegiada se
desmoronaría después de 1844 cuando Bahaullah se convirtió en el
principal defensor de un movimiento que había de cambiar el curso de
la historia de su país.
Los
primeros años del siglo XIX fueron un periodo de profundas
expectativas mesiánicas y muchos profundamente perturbados por las
implicaciones científicas y de la industrialización, creyentes
sinceros, se volvieron hacia las escrituras de sus respectivas
confesiones buscando comprender los cada vez más acelerados procesos
de cambios. Así surgen los templarios, y los milleritas que creyeron
haber encontrado pruebas en las escrituras que apoyaban su teoría
de que la historia había terminado y que el retorno de Jesucristo
era inminente. En Oriente medio pasó algo similar y algunos
aseveraban que el cumplimiento de algunas profesáis del Corán eran
inminentes.
Sin duda, el
más dramático de estos movimientos milenaristas había surgido en
Persia alrededor de una persona y las enseñanzas de un joven
comerciante de la ciudad de Shiraz, conocido en la historia como el
Bab.
Durante 9
años, desde 1844 a 1853, persas de todas las clases sociales se
vieron envueltos, en un torbellino de esperanza y entusiasmo desatado
por el anuncio hecho por el Bab de que el Día de Dios estaba cerca y
que Él mismo era el Prometido de las escrituras Islámicas, la
Humanidad estaba, según decía el Bab en el umbral de una era que
presenciaría la reestructuración de todos los aspectos de la vida.
La Misión
del Bab era decía Él preparar a la humanidad para recibir al
Mensajero universal de Dios, “Aquel a quién Dios Manifestará”
el esperado por todas las religiones.
Esta
declaración despertó una reacción bastante hostil por parte del
clero musulmán que enseñaba que el proceso de la revelación Divina
había terminado con Muhammad y que cualquier otra afirmación de lo
contrario constituía una apostasía castigada con la muerte.
Es así que
miles de seguidores de la nueva fe rápidamente fueron perseguidos y
perecieron una horrible serie de masacres, el Bab fue ejecutado
públicamente el 9 de Julio de 1850.
La nobleza
de la vida y las enseñanzas del Bab el heroísmos de sus seguidores
y la esperanza de las reformas fundamentales que habían encendido
una luz en ese lugar tan oscuro y despertaron la curiosidad de
muchos.
Debido a su
destacado papel en la defensa de la Causa del Bab, Bahaullah fue
arrestado y conducido encadenado y a pie hasta Teherán. Protegido
en cierta manera por una reputación personal impresionante y por la
posición social de su familia. Y por las protestas de los babis, no
fue sentenciado a muerte como pedían influyentes figuras de la
corte, sino que fue arrojado en el famoso Siyáh-Chal, el Pozo Negro,
una mazmorra, especie de cárcel, que se había creado en uno de los
depósitos de agua abandonado de la ciudad, no se presentaron
cargos, pero Él y 30 compañeros fueron confinados sin apelación
posible en la oscuridad y suciedad de ese pozo, rodeados de
criminales muchos condenados a muerte. Alrededor de su cuello
pusieron una cadena muy pesada, como no falleció rápidamente como
esperaban, intentaron envenenarlo en varias ocasiones. Las marcas de
esas cadenas lo acompañaron toda su vida.
En los
escritos de Bahaullah ocupa un lugar fundamental los grandes temas
como Dios, El Papel de la revelación en la historia, la relación
que existe entre los diferentes sistemas religiosos del mundo, el
significado de la fe y la autoridad moral como base de la
organización humana.
Algunos
pasajes hablan e sus propia experiencia espiritual, de Su respuesta a
la llamada de Dios y del dialogo con el Espíritu de Dios. Nunca
antes la historia religiosa ha ofrecido al investigador la
oportunidad de tener un encuentro tan sincero con el fenómeno de la
revelación Divina.
Hacia el
final de su vida, los escritos de Bahaullah relatan algunas
experiencias en ese horrible lugar.
“fuimos
recluidos por 4 meses en un lugar más allá de toda comparación…
el calabozo estaba envuelto en profunda oscuridad y el número de
nuestros compañeros de prisión llegaba casi a 150 almas, ladrones,
asesinos…atestado como estaba no tenía otra salida que el pasadizo
por el cual entramos. No hay pluma que pueda describir aquel lugar
ni lengua alguna que pueda expresar su repugnante hedor, la mayoría
de aquellos hombres no tenían ropas ni donde acostarse, Solo Dios
sabe lo que nos aconteció en aquel hediondo y Lóbrego lugar”.
En este
contexto es que Bahaullah recibe las primeras señales de Su Misión.
Cierta
noche, en un sueño, se escucharon por doquier estas exaltadas
palabras:
“Verdaderamente,
Te haremos victorioso por Ti mismo y por Tu pluma, no te aflijas, por
lo que te ha acontecido, ni temas porque Tu estas a salvo, dentro
poco Dios hará surgir los tesoros de la tierra: hombres que te
ayudaran por Ti mismo y por Tu nombre, para lo cual Dios ha hecho
revivir los corazones de aquellos que le han reconocido”
La
experiencia de la Revelación Divina, tratada sólo de forma
indirecta en los relatos que se han conservado sobre la vida de
Buda, Moisés , Jesucristo y Muhammad, es descrita de forma gráfica
por las propias palabras de Bahaullah:
“ Durante
los días en que yací en la prisión de Teherán, a
pesar de que el mortificante peso de las cadenas y la atmosfera
hedionda solo me permitían dormir un poco , aun en esos infrecuentes
momentos de adormecimiento Yo Sentía como si algo fluyera desde la
corona de Mi cabeza sobre Mi pecho, como un poderoso torrente que se
precipitaran sobre la tierra desde la cumbre de una elevada montaña.
Como consecuencia de ello cada miembro de Mi cuerpo se encendía, en
esos momentos Mi lengua recitaba lo que ningún hombre soportaría
oír”.
Finalmente y
todavía sin juicio, Baháullah es liberado de la prisión y
desterrado inmediatamente de Su tierra natal, se le confisco todas
sus propiedades y riquezas.
Alguno
políticos conocidos, otros nobles ofrecieron ayuda pero dado el
clima político que reinaba el país y para que no se tergiverse
decidió aceptar el exilio y destierro a Iraq. En ese entonces bajo
el dominio del Imperio Otomano. Así se inicia el exilio de Bahaullah
su familia y seguidores por 40 años.
En los años
siguientes a su partida se ocupó de las necesidades de la comunidad
babi que se había agrupado en Bagdad, y que se había quedado sin su
líder tras la muerte del Bab y de la mayoría de sus maestros.
Cuando sus
esfuerzos por reunir a los que habían huido a Iraq despertaron celos
y disensión Él siguió el camino de los Mensajeros y se alejó a
las montañas del Kurdistán, su retiro era para evitar llegar a ser
Objeto de discordia. Fue un periodo de pesares pero también de
intensa felicidad durante el cual reflexiono profundamente sobre el
mensaje que se le había confiado “A solas comulgamos con nuestro
espíritu”. Regresa debido a los ruegos de los amigos que
finalmente habían descubierto donde se encontraba.
Dos
de los volúmenes más importantes de los escritos de Bahaullah datan
de este periodo previo a su declaración en 1863. El primero de ellos
es un pequeño libro que Él título Las
Palabras Ocultas, escrito en forma de
aforismos morales, este volumen constituye el corazón ético del
Mensaje de Bahaullah. Describe como la esencia de las enseñanzas
espirituales de todas las Revelaciones del pasado, la voz de Dios
habla directamente al alma humana.
¡Oh
Hijo del Ser! Con las manos del poder te hice y con los dedos de la
fuerza te creé; y dentro de ti he puesto la esencia de Mi luz.
Conténtate con ella y no busques nada más, pues Mi obra es
perfecta y Mi mandato es ineludible. No lo cuestiones ni lo
pongas en duda.
El
otro libro que viene de ese tiempo es El Libro
de la Certeza, una
amplia exposición de la naturaleza y propósito de la religión. En
pasajes que extraen significado no solo del Corán, sino con igual
facilidad y penetración del Antiguo y Nuevo Testamento, se describe
a los Mensajeros de Dios como agentes de un proceso único y
continuo: el Despertad de la Raza Humana a sus potencialidades
espirituales y morales . Una humanidad que ha llegado a la madurez
puede responder ante una presentación directa de las enseñanzas que
va más allá del lenguaje de la parábola y la alegoría, La fe es
una cuestión ya no de creencia ciega , sino de conocimiento
consiente. El don de la razón confiere a cada individuo en esta
nueva era de iluminación y educación la capacidad de responder a
las instrucciones divinas, es una prueba de sinceridad: “Ningún
hombre alcanzará las orillas del Océano del verdadero entendimiento
a menos que se haya desprendido de todo lo que hay en el cielo y en
la tierra. (…)
Ninguna
mención explícita se hace de la todavía no anunciada misión de
Bahá'u'lláh; por el contrario El Libro de la Certeza está
estructurado en torno a una vigorosa exposición de la misión del
martirizado Báb.
Bahá'u'lláh
puso ante ellos el desafío no sólo de conducir su vida personal
en conformidad con las enseñanzas divinas, sino de hacer de su
comunidad un modelo para la heterogénea población de Bagdad, la
capital provincial iraquí. Aunque vivían en circunstancias
materiales muy apuradas, los exiliados fueron revitalizados por
esta visión. Uno de los miembros del grupo, un hombre llamado Nabíl,
que posteriormente iba a dejar una historia detallada de los
ministerios del Báb y de Bahá'u'lláh, ha descrito la intensidad
espiritual de aquellos días:
Muchas
noches más de diez personas subsistían con tan sólo un puñado de
dátiles. Nadie sabía a quién pertenecían realmente los zapatos,
las capas o las túnicas que se hallaban en sus casas. Ninguno de
ellos, cuando iba al bazar, podía asegurar que los zapatos que
llevaba eran los suyos y tampoco cada uno de los que entraba en
presencia de Bahá'u'lláh podía afirmar que la capa o
túnica que llevaba le pertenecía. [...] ¡Oh, qué júbilo
el de aquellos días y qué felicidad y asombro en aquellas
horas!"
La comunidad
de exiliados llegó gradualmente a convertirse en un elemento
respetado e influyente en la capital provincial de Iraq.
En 1863
Bahá'u'lláh vio llegado el momento de empezar a
familiarizar a algunos de los que Le rodeaban con la misión que Le
había sido confiada en la oscuridad del Siyáh-Chál. Esta
decisión coincidió con una nueva etapa en la campaña de
oposición a Su labor que el clero musulmán shiíta y los
representantes del gobierno persa habían seguido manteniendo
implacablemente. Temiendo que la aprobación y los elogios que
empezaban a dedicar a Bahá'u'lláh algunos de los persas
influyentes que visitaban Iraq volvieran a encender el
entusiasmo popular en Persia, el gobierno del Sháh presionó
a las autoridades otomanas para que Le trasladaran lejos de
la frontera, hacia el interior del imperio. Finalmente, el
gobierno turco accedió a estas presiones e instó al exiliado a que,
en calidad de invitado, estableciera Su residencia en la
capital, Constantinopla. A pesar de los términos corteses en
los que estaba redactado el mensaje, la intención era
claramente la de exigir su cumplimiento
Para
entonces la devoción del pequeño grupo de exiliados se había
centrado en la persona de Bahá'u'lláh y en Su exposición de
las enseñanzas del Báb. Eran cada vez más los que habían
llegado al convencimiento de que Él hablaba no sólo como el
defensor del Báb, sino en nombre de aquella causa mucho
mayor que Éste último había declarado inminente. La creencia
pasó a ser certeza a finales de abril de 1863, cuando
Bahá'u'lláh, en vísperas de Su partida hacia
Constantinopla, reunió a varios de Sus compañeros en un
jardín al que más tarde se le daría el nombre de Ridván
("Paraíso") y les confió el hecho central de Su misión.
Durante los cuatro años siguientes, aunque no se consideró
apropiado anunciarlo abiertamente, los que habían oído a
Bahá'u'lláh compartieron gradualmente con amigos de confianza la
noticia de que las promesas del Báb se habían cumplido y que "el
Día de Dios" había amanecido.
El
propósito que cimenta toda la creación es la revelación de este
muy sublime y santísimo Día, conocido como el Día de Dios en Sus
Libros y Escrituras; el Día que todos los Profetas, Elegidos y
santos, han deseado presenciar.
[...]
éste es el Día en el que la humanidad puede contemplar
el Rostro y oír la Voz del Prometido. La Llamada de Dios
ha sido proclamada y la luz de Su Semblante se ha levantado
sobre los hombres. Incumbe a cada hombre borrar de la tablilla de su
corazón la huella de toda palabra vana y contemplar, con mente
abierta e imparcial, los signos de Su Revelación, las pruebas de Su
Misión y las señales de Su Gloria.
Tal como se
enfatiza repetidamente en la exposición que Bahá'u'lláh hace sobre
el mensaje del Báb, el propósito fundamental de Dios al revelar Su
voluntad es llevar a cabo una transformación en el carácter de la
humanidad, desarrollar en el interior de aquellos que responden las
cualidades morales y espirituales que están latentes dentro de la
naturaleza humana:
Embelleced
vuestras lenguas, oh pueblo, con la veracidad y adornad vuestras
almas con el ornamento de la honradez. Cuidado, oh pueblo, no sea que
obréis traicioneramente con alguien. Sed los fiduciarios de
Dios entre Sus criaturas y los emblemas de Su generosidad en
medio de Su pueblo. [...]
Para el 3 de
mayo de 1863, cuando salió a caballo de Bagdad junto con Su familia
y aquellos compañeros y sirvientes elegidos para acompañarle hasta
Constantinopla, Bahá'u'lláh se había convertido en una figura
enormemente popular y querida. En los días inmediatamente anteriores
a Su partida afluyeron al jardín en el que había fijado
temporalmente Su residencia un gran número de personalidades,
entre las que se encontraba el propio Gobernador de la provincia,
recorriendo en muchos casos largas distancias con el fin de
presentarle sus respetos. Testigos que presenciaron el momento
de la partida han descrito en términos conmovedores el clamor
con que Le despidieron, las lágrimas de muchos de los presentes y la
preocupación de las autoridades otomanas y los funcionarios civiles
por hacer los honores a su visitante.
Tras la
Declaración de su Misión en 1863, Bahá'u'lláh comenzó a
tratar en profundidad un tema ya abordado en El Libro de la Certeza,
la relación entre la Voluntad de Dios y el proceso evolutivo por el
que encuentran su expresión las capacidades espirituales y
morales latentes en la naturaleza humana. Esta exposición
ocuparía un lugar central en Sus escritos durante los
treinta años restantes de Su vida. La realidad de Dios, asegura Él,
es y seguirá siendo siempre incognoscible. Cualquier palabra que
el pensamiento humano pueda atribuir a la naturaleza divina
está relacionada sólo con la existencia humana y es producto de los
esfuerzos humanos por describir una experiencia humana:
¡Lejos,
muy lejos de Tu gloria esté lo que los hombres mortales puedan
afirmar de Ti o atribuirte, o la alabanza con la que puedan
glorificarte! Cualquier deber que Tú hayas prescrito a Tus siervos
de ensalzar al máximo Tu majestad y gloria es sólo una muestra
de Tu gracia hacia ellos, a fin de que les sea posible
ascender a la posición conferida a su propio ser interior,
la posición del conocimiento de sí mismos.
Lo que la
humanidad experimenta al volverse hacia el Creador de toda
la existencia son los atributos o cualidades que están
asociados a las sucesivas Revelaciones de Dios:
Estando
así cerrada la puerta del conocimiento del Antiguo de los Días a la
faz de todos los seres, la Fuente de gracia infinita ha hecho que
[...] aparezcan del reino del espíritu aquellas luminosas Joyas
de Santidad, en la noble forma del templo humano, y sean
reveladas a todos los hombres a fin de que comuniquen al mundo los
misterios del Ser inmutable y hablen de las sutilezas de Su Esencia
imperecedera….
Las
Revelaciones de Dios no difieren una de otra en ningún
aspecto esencial, aunque las necesidades cambiantes de las que se
ocupan, de época en época, han exigido de cada una de ellas
respuestas especiales para cada caso:
Estos
atributos de Dios no son ni jamás han sido concedidos
especialmente a ciertos Profetas y negados a otros. Al contrario,
todos los Profetas de Dios, Sus favorecidos, Sus santos y escogidos
Mensajeros, son sin excepción los portadores de Sus nombres y las
personificaciones de Sus atributos. Sólo difieren en la intensidad
de Su revelación y en la potencia relativa de Su luz. ..
Bahá'u'lláh
compara las intervenciones de las Revelaciones Divinas con el retorno
de la primavera. Los Mensajeros de Dios no son meros maestros, aunque
ésta es una de sus funciones principales; antes bien, el espíritu
de Sus palabras, junto con el ejemplo de Sus vidas, tiene la
capacidad de penetrar en las raíces de la motivación humana
y producir cambios fundamentales y duraderos. Su influencia abre
nuevas esferas para la comprensión y para la realización de mayores
logros.
Sin esta
mediación del mundo divino, la naturaleza humana permanece esclava
del instinto, así como de suposiciones inconscientes y
modelos de conducta que han sido determinados culturalmente:
Habiendo
creado el mundo y todo lo que en él vive y se mueve, Él (Dios)
[...] escogió conferirle al hombre la singular distinción y
capacidad de conocerle y amarle, una capacidad que debe
necesariamente ser considerada el impulso generador y el objetivo
primordial que sostiene la creación entera. [...] Sobre la más
íntima realidad de cada cosa creada Él ha derramado la luz de uno
de Sus nombres y la ha hecho un recipiente de la gloria de uno de Sus
atributos. Sobre la realidad del hombre, sin embargo, Él ha
concentrado el esplendor de todos Sus nombres y atributos y la ha
hecho un espejo de Su propio Ser. De todas las cosas creadas sólo el
hombre ha sido escogido para recibir un favor tan grande y una
generosidad tan perdurable.
Los
Profetas de Dios deben ser considerados como médicos cuya tarea es
fomentar el bienestar del mundo y sus pueblos para que,
mediante el espíritu de unidad, puedan curar la dolencia de
una humanidad dividida. [...]
“No
sería de extrañar, entonces, si se encontrara que el tratamiento
prescrito por el médico en este día no es idéntico al que
prescribió anteriormente. ¿Cómo podría ser de otra manera,
cuando las dolencias que afectan al paciente necesitan un
remedio especial en cada etapa de su enfermedad? De igual
modo, cada vez que los Profetas de Dios han iluminado al
mundo con el resplandeciente brillo del Sol del conocimiento
Divino, han emplazado invariablemente a sus pueblos a abrazar
la luz de Dios por los medios que mejor se adaptaban a las exigencias
de la época en que aparecieron.” [...]
No sólo
el corazón, sino también la mente, deben dedicarse a este
proceso de descubrimiento. La razón, afirma Bahá'u'lláh, es
el mayor don de Dios al alma, "un signo de la revelación
[...] del soberano Señor." Sólo liberándose de los
dogmas heredados, ya sean religiosos o materialistas, puede la mente
emprender una investigación independiente sobre la relación
entre la Palabra de Dios y la experiencia de la humanidad. En
tal búsqueda uno de los mayores obstáculos es el prejuicio.
Algunos
de los pasajes más importantes de los escritos de
Bahá'u'lláh son los que exponen extensamente la naturaleza y el
papel de aquellos que son los canales de esta Revelación, los
Mensajeros o "Manifestaciones de Dios". Una analogía
que se encuentra repetidamente en estos pasajes es la del sol físico.
Mientras éste comparte ciertas características con otros cuerpos
del sistema solar, difiere sin embargo de ellos en que es,
en sí mismo, la fuente de luz del sistema. Los planetas y
satélites reflejan la luz, mientras que el sol la emite como un
atributo inseparable de su propia naturaleza. El sistema gira
alrededor de este punto focal y cada uno de sus miembros no sólo es
influido por su composición particular, sino también por la fuente
de luz del sistema
Del mismo
modo, afirma Bahá'u'lláh, la personalidad humana que la
Manifestación de Dios comparte con el resto de la humanidad se
diferencia de las otras de tal modo que la hace adecuada para servir
como canal o vehículo para la Revelación de Dios. Las
referencias aparentemente contradictorias respecto a esta doble
posición atribuidas, por ejemplo, a Cristo han sido una de las
muchas fuentes de confusión y disensión religiosas a través
de la historia. Bahá'u'lláh dice sobre el tema:
Todo lo
que hay en los cielos y todo lo que hay en la tierra es una prueba
directa de la revelación de los atributos y nombres de Dios. [...]
En un grado sumo, esto es verdadero acerca del hombre, quien,
entre todo lo creado, [...] ha sido señalado para la gloria
de tal distinción. Pues en él están revelados
potencialmente todos los atributos y nombres de Dios en un grado que
no ha sido superado ni excedido por ningún otro ser creado. [...] Y
de todos los hombres, los más perfectos, los más distinguidos y
los más excelsos son las Manifestaciones del Sol de la Verdad.
Más aún, todos, excepto estas Manifestaciones, viven por la acción
de Su Voluntad y se mueven y existen por las efusiones de Su gracia.
De
particular importancia para la comprensión de las enseñanzas de
Bahá'u'lláh sobre la unidad de las religiones son Sus declaraciones
acerca de la posición de los sucesivos Mensajeros de Dios y sobre la
función que han realizado en la historia espiritual de la humanidad:
(Las)
Manifestaciones de Dios tienen, cada una de ellas, una doble
posición. Una es la posición de abstracción pura y unidad
esencial. En este sentido, si tú las llamas a todas Ellas por un
solo nombre y Les asignas los mismos atributos, no te desvías de la
verdad. [...]
La otra
posición es la de distinción y pertenece al mundo de la creación y
sus limitaciones. Respecto a esto, cada Manifestación de Dios
tiene una individualidad distinta, una misión definidamente
señalada, una revelación predestinada y limitaciones
especialmente designadas. Cada una de Ellas es conocida por
un nombre diferente y se caracteriza por un atributo
especial, cumple una misión definida [...].
Vistas a
la luz de la segunda posición [...] manifiestan servidumbre
absoluta, máxima pobreza y completo olvido de Sí mismas. Tal
como Él dice: "Soy el siervo de Dios. No soy más que un
hombre como vosotros..."
Si alguna
de las Manifestaciones universales de Dios declarase: "Yo soy
Dios", diría ciertamente la verdad y no cabría duda alguna de
ello. Ya que [...] a través de Su Revelación, Sus atributos y
nombres manifiestan en el mundo la Revelación de Dios, Sus
nombres y Sus atributos. [...] Y si alguno de Ellos
pronunciase la expresión: "Yo soy el Mensajero de
Dios," también diría
indudablemente la verdad. [...]
Contemplados bajo esta luz, se ve que todos Ellos no son más que
Mensajeros de ese Rey ideal, de esa Esencia inmutable. [...]
E estos
párrafos se halla implícita una perspectiva que constituye la
faceta más desafiante de la exposición de Bahá’u’lláh sobre
la función de la función de la manifestación de Dios, la
Revelación Divina dice, es la fuerza motriz de la civilización.
Cuando aparece, su efecto transformador en las mentes y en las almas
de quienes responden a ella se plasma en la nueva sociedad
que va tomando forma paulatinamente en torno a esa experiencia.
Aparece un nuevo foco de lealtad que puede lograr el compromiso de
pueblos de muy diversas culturas; la música y las artes utilizan
símbolos que transmiten unas aspiraciones mucho más ricas y
maduras; una nueva y radical definición de los conceptos de lo
correcto y lo erróneo hace posible la formulación de nuevos
códigos de leyes civiles y de conducta; se crean nuevas
instituciones con el propósito de dar expresión a los
impulsos de responsabilidad moral que anteriormente eran
ignorados o desconocidos: "Estaba en
el mundo y el mundo fue hecho por él [...]."
A medida que
la nueva cultura evoluciona hacia una civilización, asimila los
logros e ideas de épocas pasadas en una multitud de nuevas
combinaciones. Las características de antiguas culturas que no
pueden ser incorporadas se atrofian o son adoptadas por elementos
marginales de la población. La Palabra de Dios crea nuevas
posibilidades tanto en la conciencia individual como en las
relaciones humanas. Toda palabra que emana de la boca de Dios está
dotada de tal potencia que puede infundir nueva vida a cada
estructura humana.
Finalmente,
a medida que una civilización en continua evolución agota sus
fuentes espirituales, empieza un proceso de desintegración, al
igual que ocurre en el mundo de los fenómenos. Volviendo
otra vez a las analogías que ofrece la naturaleza,
Bahá'u'lláh compara esta pausa en el desarrollo de la civilización
con la llegada del invierno. Disminuye tanto la vitalidad moral como
la cohesión social. Los desafíos, que se hubieran superado en
etapas anteriores o se hubieran convertido en oportunidades
para la investigación y el éxito, se convierten en
barreras insuperables. La religión pierde su relevancia y la
inquietud renovadora va interrumpiéndose progresivamente, haciendo
cada vez más profundas las divisiones sociales. La
incertidumbre sobre el significado y valor de la vida genera cada
vez más ansiedad y confusión. Refiriéndose a esta
condición de nuestra propia época, Bahá'u'lláh dice:
Percibimos
perfectamente cómo toda la raza humana está rodeada de grandes e
incalculables aflicciones. La vemos languidecer en su lecho
de enfermo, severamente atribulada y desilusionada. Los que
están embriagados de orgullo se han interpuesto entre ella y el
divino e infalible Médico. Atestiguad cómo han envuelto a todos los
hombres, incluidos ellos mismos, en la red de sus artificios. No
pueden descubrir la causa de la enfermedad, ni tampoco
poseen conocimiento alguno del remedio. Han concebido que lo recto es
torcido y han imaginado que su amigo es un enemigo.
Cuando cada
uno de los impulsos divinos se ha cumplido, el proceso se repite. Una
nueva Manifestación de Dios aparece con una medida más plena de la
inspiración divina para la siguiente etapa del despertar y
del proceso civilizador de la humanidad: La
sucesión de las Manifestaciones es un hecho consustancial a la
creación, declara Bahá'u'lláh, y continuar durante toda la vida
del mundo: "Dios ha enviado a sus
Mensajeros para que sucedan a Moisés y Jesús y continuará
haciéndolo hasta 'el
fin que no tiene fin'[...]."
En el
contexto de la historia de la civilización, el objetivo de
la sucesión de las Manifestaciones divinas ha sido preparar la
conciencia humana para la unificación de la humanidad como una sola
especie, más aún, como un único organismo capaz de asumir la
responsabilidad de su futuro colectivo: "Aquel que es vuestro
Señor, el Todo Misericordioso", dice Bahá'u'lláh, "atesora
En su corazón el deseo de ver a toda la raza humana como una sola
alma y un solo cuerpo."
Hasta que la
humanidad no haya aceptado su unidad orgánica no podrá ni siquiera
afrontar sus desafíos inmediatos, mucho menos aquellos que le
aguardan en el futuro: "El bienestar
de la humanidad", reitera Bahá'u'lláh, "su paz y
seguridad son inalcanzables a menos y hasta que su unidad sea
firmemente establecida
Al año de
Su llegada a Andrinópolis, su prisionero había despertado
primero el interés y luego la ferviente admiración de figuras
destacadas tanto de la vida intelectual como administrativa de la
región. Para consternación de los representantes consulares persas,
dos de los más devotos de estos admiradores eran Khurshíd
Páshá, el gobernador de la provincia y el Shaykhu'l-Islám, el
principal dignatario religioso sunnita. A los ojos de sus anfitriones
y del público en general, el exiliado era un filósofo moral y un
santo, y la validez de Sus enseñanzas se reflejaba no sólo
en el ejemplo de Su propia vida, sino en la transformación
que producía en los numerosos grupos de peregrinos persas que
iban acudiendo a ese remoto punto del Imperio Otomano con el
propósito de visitarle
Cuando el
Ministro turco de Asuntos Exteriores Fu'ád Páshá regresó de una
visita a Andrinópolis, sus sorprendentes informes sobre la
reputación de la que Bahá'u'lláh había llegado a disfrutar en
toda la región parecieron prestar credibilidad a las
sugerencias del embajador persa. En este clima de opinión, el
Gobierno decidió bruscamente someter a su invitado a un
estricto confinamiento. Sin previo aviso, una mañana temprano
los soldados rodearon la casa de Bahá'u'lláh y se ordenó a los
exiliados que se prepararan para partir hacia un destino desconocido.
El lugar escogido para este destierro final
fue la siniestra ciudad fortaleza de Akká (Acre) en la costa de
Tierra Santa. Famosa en todo el imperio por lo detestable de su
clima y por la abundancia de enfermedades, Akká era una
colonia penal utilizada por el Estado Otomano para el
encarcelamiento de criminales peligrosos, de quienes se podía
esperar que no sobreviviesen demasiado tiempo su
encarcelamiento en aquel lugar. Desde Su llegada en agosto de 1868,
Bahá'u'lláh, los miembros de Su familia y un
grupo de Sus seguidores que habían sido exiliados con Él, iban a
experimentar dos años de sufrimientos y abusos dentro de
la fortaleza misma; después serían confinados bajo arresto
domiciliario en un edificio cercano propiedad de un comerciante
local.
En Akká,
Bahá'u'lláh continuó dictando la serie de cartas a
gobernantes individuales que había comenzado en Andrinópolis
La condena
más severa de Bahá'u'lláh está reservada a las barreras que la
religión organizada ha erigido a lo largo de la historia entre la
humanidad y las Revelaciones de Dios. Dogmas inspirados en la
superstición popular y perfeccionada por un empleo inadecuado de la
facultad racional, se han impuesto repetidamente sobre un proceso
divino cuyo propósito en todo tiempo ha sido espiritual y moral.
La
consecuencia de este triste historial es el desprestigio que ha
sufrido la religión en todo el mundo. Peor aún, la religión
organizada se ha convertido en una de las más virulentas causas de
odio y guerra entre los pueblos del mundo. "El fanatismo y el
odio religiosos", advirtió Bahá'u'lláh hace más de un siglo,
"son un fuego que devora al mundo y cuya violencia nadie puede
extinguir. Sólo la Mano del Poder Divino puede librar a la humanidad
de esta aflicción desoladora."
A quienes
Dios hará responsables de esta tragedia, dice Bahá'u'lláh, es a
los líderes religiosos de la humanidad que han pretendido hablar en
Su nombre a lo largo de la historia. Sus intentos de convertir la
Palabra de Dios en un coto privado y su exposición en un medio de
engrandecimiento personal han sido el mayor obstáculo contra el que
ha tenido que luchar el progreso de la civilización. Dirigiéndose
al clero de todas las religiones, Bahá'u'lláh les advierte de la
responsabilidad que han asumido tan descuidadamente en la historia:
Sois como
un manantial. Si se cambia, así cambiarán los torrentes que fluyen
de él. Temed a Dios y contaos entre los piadosos. De igual manera,
si el corazón del hombre se corrompe, sus extremidades también se
corromperán. E igualmente, si la raíz de un árbol se pudre, sus
ramas, sus renuevos, sus hojas y sus frutos se pudrirán.
En junio de
1877 Bahá'u'lláh salió por fin de Su estricto confinamiento en la
ciudad prisión de 'Akká y se mudó con Su familia a "Mazra'ih",
una pequeña finca a pocas millas al norte de la ciudad. Como había
predicho en Su declaración al gobierno turco, el Sultán
Abdu'l-'Azíz había sido derrocado y asesinado en una intriga
palaciega y las rachas de los vientos de cambio político que barrían
el mundo comenzaron a invadir incluso los cerrados recintos del
sistema imperial otomano. Tras una breve estancia de dos años en
Mazra'ih, Bahá'u'lláh se trasladó a "Bahjí", una gran
mansión rodeada de jardines que Su hijo 'Abdu'l-Bahá había
alquilado para Él y para los miembros de Su extensa familia. Los
doce años restantes de Su vida estuvieron dedicados a escribir sobre
un amplio abanico de temas espirituales y sociales y a recibir un
flujo de peregrinos bahá'ís que llegaban con grandes dificultades
desde Persia y otras tierras. Por todo el Cercano y Medio Oriente
comenzaba a tomar forma el núcleo de una vida en comunidad entre
aquellos que habían aceptado Su mensaje. Para guiarla, Bahá'u'lláh
había revelado un sistema de leyes e instituciones diseñadas para
dar una dimensión práctica a los principios expresados en Sus
escritos. Invistió de autoridad a los consejos elegidos
democráticamente por toda la comunidad; dejó disposiciones para
excluir la posibilidad de que surgiera una élite clerical y
estableció los principios de la consulta y de la toma de decisiones
en grupo. En el corazón de este sistema estaba lo que Bahá'u'lláh
denominó una "nueva Alianza" entre Dios y la humanidad. El
rasgo característico de la madurez de la humanidad es que por
primera vez en su historia la totalidad de la raza humana está
involucrada conscientemente, aunque de forma vaga, en la conciencia
de su propia unidad y de la tierra como un hogar común. Este
despertar abre el camino hacia una nueva relación entre Dios y la
humanidad. A medida que los pueblos del mundo abracen la autoridad
espiritual inherente a la guía de la Revelación de Dios para esta
época, decía Bahá'u'lláh, encontrarán en sí mismos una
capacitación moral que el esfuerzo humano, por sí solo, ha
demostrado ser incapaz de generar. "Una nueva raza de hombres"
surgirá como resultado de esta relación y emprenderá la tarea de
construir una civilización mundial. La misión de la comunidad
bahá'í sería la de demostrar la eficacia de esta Alianza para
curar los males que dividen a la raza humana. Bahá'u'lláh murió en
Bahjí el 29 de mayo de 1892 en el año 75 de Su vida. En el momento
de Su fallecimiento, la causa que Le fuera confiada cuarenta años
antes en la oscuridad del Pozo Negro de Teherán estaba preparada
para salir de las tierras islámicas donde había tomado forma y
establecerse primero por América y Europa y después por todo el
mundo. Al hacerlo así, se convertiría en prueba fehaciente de la
nueva Alianza entre Dios y la humanidad. La Fe bahá'í con su
comunidad de creyentes sería la única entre las religiones
independientes del mundo que iba a pasar con éxito este primer siglo
crítico de su existencia con su unidad firmemente intacta y sin
sufrir la antigua plaga de cismas y facciones. Esta experiencia
ofrece una evidencia irrefutable para la afirmación de Bahá'u'lláh
de que la raza humana, en toda su diversidad, puede aprender a vivir
y a trabajar como un solo pueblo, en una patria común planetaria.
Sólo dos años antes de Su muerte, Bahá'u'lláh recibió en Bahjí
a uno de los pocos occidentales que Le vieron y el único que dejó
un relato escrito de la experiencia. El visitante era Edward
Granville Browne, un orientalista joven y prometedor de la
Universidad de Cambridge, cuya atención se había sentido atraída
originalmente por la dramática historia del Báb y de Su heroico
grupo de seguidores. Sobre su encuentro con Bahá'u'lláh, Browne
escribió:
Aunque
yo tenía una vaga idea del lugar a donde iba y a quién había de
contemplar (pues no se me había dado ninguna indicación precisa),
pasaron unos segundos antes de que, estremecido de asombro y
reverente temor, tuviera conciencia de que la habitación no estaba
vacía. En el ángulo donde el diván tocaba la pared, distinguí una
extraordinaria y venerable figura. [...] El rostro de aquel a quien
contemplé nunca lo podré olvidar aunque no puedo describirlo. Esos
ojos penetrantes parecían leer en el alma de uno; en su amplia
frente había poder y autoridad [...]. ¡No necesitaba preguntar en
presencia de quién me encontraba al inclinarme ante aquél que es el
objeto de una devoción y un amor que los reyes podrían envidiar y
por los cuales los emperadores suspiran en vano! Una voz digna y
suave me pidió que me sentara y continuó: "¡Alabado sea Dios
ya que tú has llegado hasta mí! [...]. Has venido a ver a un
prisionero y un desterrado. [...] Nosotros sólo deseamos el bien del
mundo y la felicidad de las naciones; sin embargo nos consideran
causantes de sedición y de contiendas, merecedoras de la prisión y
el destierro [...]. Que todas las naciones tengan una fe común y
todos los hombres sean como hermanos; que se fortalezcan los lazos de
afecto y unidad entre los hijos de los hombres; que desaparezca la
diversidad de religiones y se anulen las diferencias de raza. ¿Qué
mal hay en esto? [...] Pero esto se cumplirá, estas luchas sin
objeto, estas guerras desastrosas pasarán.
viernes, 24 de marzo de 2017
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