martes, 7 de marzo de 2017

La Revelación de Bahá'u'lláh | 1868 al 1877 | Presentación de Nicolás Heredia


La llegada a ‘Akká


La llegada de Bahá'u'lláh a Akká, Tierra Santa, la tierra prometida de Abraham por Dios, había sido anunciada hace dos o tres mil años antes por los profetas del pasado. Son numerosas las alusiones que se hacen en las grandes religiones sobre esta región.
            'Akká, ciudad amurallada y rodeada por un doble sistema de rampas, la habitaban unas gentes que Bahá'u'lláh condeno llamándolos una "generación de víboras", carecía de toda fuente de agua dentro de sus recintos, estaba infestada de pulgas y de un ambiente pútrido y húmedo.
            Bahá'u'lláh y Sus compañeros, unos 70 en total, llegan a la ciudad el 21 de agosto de 1868. Era algo normal que los habitantes se reunieran en el puerto para contemplar el desembarco de los prisioneros. Pero esta era una ocasión especial, según les habían dicho, los que llegaban no eran solo criminales, sino que llegaba el "Dios de los persas" con sus seguidores.
            Antes de que los prisioneros llegaran, el Muftí (gran sacerdote) había reunido a la gente en la mezquita y les explico la clase de prisioneros que venían en camino, denominándolos "enemigos de Dios, criminales de la peor clase y viles malhechores". Les aconsejo evitar toda clase de contacto con ellos. Así que es de esperar que al arribo de los prisioneros, los habitantes arrojaban maldiciones y miradas de odio.
            Su llegada fue el comienzo de una crisis caracterizada por la amargura de los sufrimientos, la severidad de las restricciones y la intensidad de la agitación. Esta crisis se destacó no solo por los enemigos de afuera, sino también por los enemigos internos y los atropellos cometidos por Sus creyentes. Fueron tales las calamidades y humillaciones que sufrió Bahá'u'lláh dentro de esta ciudad penal que fue asignada la "Más Grande Prisión".
            Cuando los prisioneros llegaron al puerto se hallaban todos cansados y enfermos. La celda en la que tuvo que quedarse Bahá'u'lláh no reunía condiciones de habitabilidad. Él mismo dice que el suelo estaba recubierto de tierra y que el revoque del techo se caía a pedazos. Sus seguidores quedaron apiñados en otra sala cuyo piso era un barrizal. La fetidez del aire y el hedor de la prisión eran tal, que la hija de Bahá'u'lláh se desmayó. Los prisioneros tuvieron que pasar la primera noche sin poder beber o comer.
            Los primeros días en la prisión, resultaron arduos y tortuoso en extremo. Durante tres meses las autoridades no le permitieron a Bahá'u'lláh que acudiese al baño público, que era el único lugar en donde se podía asearse. Los guardias tenían órdenes estrictas de no permitir que nadie Le visitase.
            En cuanto a los demás encarcelados, las inmundas condiciones y la mala alimentación hicieron que todos cayeron enfermos, excepto dos amigos, el Maestro y otro más, que se tuvieron que ocupar de los enfermos por que las autoridades no les suministraron ni un doctor ni medicamentos. Esta epidemia se terminó por cobrar la vida de tres de los amigos.

'Abdu'r-Rahím
Muchos creyentes intentaron alcanzar la presencia de su Bienamado, pero fueron muy pocos los que lo lograron. Algunos tuvieron que contentarse con un pequeño vistazo a Su rostro, y otros simplemente pudieron quedarse de pie, más allá del segundo foso, mirando hacia la ventana de Su prisión. Gran cantidad de peregrinos caminaban durante meses desde su hogar para intentar ver a Bahá'u'lláh, algunos incluso desde Persia.
                Uno de estos peregrinos que alcanzó la presencia de Bahá'u'lláh fue 'Abdu'r-Rahím, cuyo nombre original era Ja'far, pero Bahá'u'lláh le confirió en su lugar Rahím (Compasivo). Este había sido un musulmán fanático en un principio. Al ver el crecimiento de la Fe, busco consejo de un clérigo para saber qué actitud tomar ante este hecho; el clérigo le contesto que "Combatirlos es tan meritorio como participar en la guerra santa; matarlos es un acto meritorio a los ojos de Dios y caer abatido es un privilegio que conlleva para el musulmán el honor del martirio y la entrada en el paraíso".
                Con estas palabras 'Abdu'r-Rahím tomo la decisión de acabar con la vida de los baha'is. Cierto día salió al paso de Hájí Babá, viejo creyente; con arma en mano le explico las razones por las cuales lo iba a matar, a lo cual Hájí Babá, con suma calma le dirigió unas palabras tan afectuosas que le llegaron al corazón. Lo llevo a la casa de la hermana de Mullá Husayn, donde los amigos se reunían para enseñar la Causa. Aquella reunión duro todo un día y 'Abdu'r-Rahím reconoció la verdad de la Causa y sabiendo la Manifestación Suprema de Dios se hallaba en esa tierra, le resultó imposible aplacar su deseo de ir a verlo.
                Seis meses a pie le llevó llegar a Akká a nuestro amigo. Su llegada tuvo lugar en los primeros días del encarcelamiento de Bahá'u'lláh, cuando no se permitía a ningún baha'i entrar a la ciudad. Así que empezó a circular la ciudad penal, cuando para su sorpresa vio que desde una ventana una mano le indicaba que entrase. Supo que era Bahá'u'lláh que le invitaba a Su presencia. Corrió hasta el portón que estaba custodiado por los centinelas y paso como si estos estuviesen muertos. Así 'Abdu'r-Rahím pudo alcanzar la presencia de su bienamado, quien le dijo que había cegado temporalmente a los guardias para que pudiese pasar.
                La curiosa historia sigue en que Bahá'u'lláh le confió unas Tablas que había de entregar a los creyentes persas. Un día mientras pasaba por Bagdad, atrajo la atención de los guardas que sospecharon de él. 'Abdu'r-Rahím se percató de esto y lanzo las Tablas, rápidamente sin que se dieran cuenta los guardas, al paso de la tienda más cercana, pidiendo a Bahá'u'lláh que las protegiera. Los guardas lo aprendieron, y lo detuvieron, luego en las interrogaciones, las autoridades decidieron que no representaba ninguna amenaza. Fue liberado y le dieron unas monedas en compensación de las molestias. Nuestro amigo miro las monedas y pensó, me habéis hecho perder lo más valioso en este mundo y a cambio me dan unas monedillas.
                Regreso al bazar, para buscar el paquete con las Tablas. Recorrió el bazar varias veces y no pudo saber nada. Al final del día, cuando ya no había mas compradores, el tendedero le hizo unas señas, se acercó, lo abrazo y le hizo un saludo baha'i ( Allah'u'Abha) y le entrego el paquete, resulto que era uno de los pocos baha'is que residía en Bagdad.
                Así, 'Abdu'r-Rahím pudo entregar las cartas a sus destinatarios y les contaba los milagros que había presenciado. Cuando regreso a su ciudad natal era como una bola de fuego prendida por Baha'u'lláh y comenzó a enseñar la Causa intrépidamente.  

        

La muerte de la “Rama Más Pura”
Apenas habían transcurrido poco menos de 2 años desde la llegada de Baha’u’llah a ‘Akká, cuando se produjo un acontecimiento trágico y repentino: la infortunada muerte de Mirzá Mihdí, titulado Rama Mas Pura.
Mirzá Mihdí no recordaba gran cosa de la vida de lujos que había experimentado en teheran. Apenas alcanzaba los cuatro años edad cuando Su padre encarcelado en el Siyáh-Chál, hecho que fue acompañado de la confiscación de las posesiones paternas.
Fue en Bagdad, en el año 1860 donde quedo imantado por la revelación de su padre y desde entonces dedico cada momento de su vida al servicio de Bahá’u’lláh.
Ya en Akká sirvió a Su padre como amanuense.
La Rama Más Pura era parecido a Abdu’l-Baha. Desplegó las mismas cualidades que El y los creyentes lo amaban y veneraban.
Tenía la costumbre de subir a la azotea de los barrancones para aprovechar el aire fresco y solía recorrer de lado a lado meditando y recitando oraciones.
El 22 de julio de 1870 Bahaullah le informo a Su hijo que no hacía falta que transcribiese nada, y en lugar de eso podría subir a la azotea. Mientras estaba meditando con los ojos cerrados y recitando se sumió en un estado de dicha y desprendimiento, cayo por una claraboya abierta sobre una caja de madera que le ocasiono terribles heridas.
Todos al escuchar el estruendo corrieron para ver lo sucedido. Trasladaron a la Rama Más Pura a la habitación y llamaron al médico pero este dijo que nada se podía hacer.
Sabemos que Bahá’u’lláh disponiendo el poder de vida y muerte en sus manos, le aseguro a Su hijo que si deseaba vivir Dios le permitiría restablecerse con plena salud, pero Mírzá Mihdí Le imploro a Bahá’u’lláh que aceptase su vida como rescate para que se abriera las puertas de la prisión y que los amigos puedan llegar a la presencia del Bienamado.
Así a las 22 horas del accidente Mírzá Mihdi falleció. Poco después sacaron muchas de las restricciones que regian en los cuarteles y varios creyentes que ansiaban alcanzar la presiencia de Bahá’u’lláh pudieron hacerlo y al cabo de cuatro meses después de la tragedia, Bahá’u’lláh y Sus compañeros pudieron abandonar los cuarteles de la prisión y ser trasladados a una casa en la ciudad de ‘Akká.
La muerte de la Rama Más Pura ha de verse como el sacrificio del propio Bahá’u’lláh. Shoghi Effendi asegura que la Bendita Belleza ha exaltado la muerte de Mírzá Mihdi al rango de otros grandes actos de expiación como la crucifixión de Jesucristo o el sacrificio del hijo de Abraham.

El episodio de Siyyid Muhammad

Después de la salida de los cuarteles, las autoridades alojaron a Bahá'u'lláh en distintas viviendas de Akká, hasta caer en la casa de Udí Khammar, que fue Su residencia permanente para el resto de su estancia en la ciudad. Esta casa era tan pequeña que unas trece personas de ambos sexos tuvieron que acomodarse en una sola habitación.
                La gente de Akká había cambiado su trato con los prisioneros. Muchos de ellos amaban a Abdu'l-Bahá. Esto hizo que las dificultades exteriores se suavizaran para la familia y los compañeros, pero surgió una crisis interna que hizo sufrir otra vez el corazón de Bahá'u'lláh.
                Cuando se separaron Mirza Yahya y Bahá'u'lláh en Adrianopolis, cuatro seguidores de cada uno tendrían que acompañar al otro. Dentro de los seguidores de Mirza Yahya que acompañaron a Bahá'u'lláh, se encontraba Siyyid Muhammad, hombre astuto y mezquino, que figuraba entre los babies sin haberlo sentido nunca y los animaba a robar santuarios y cometer actos monstruosos. Él con otro compañero suyo se alojaron en una casa desde donde podían espiar a los baha'is que entraban en la ciudad y causarles enormes dificultades. Además comenzaron a divulgar toda clase de calumnias y la gente de Akká se las creía ya que pensaban que eran compañeros de Bahá'u'lláh.
                Así, la paciencia de los fieles fue llegando a su fin y siete de los amigos conspiraron clandestinamente y una noche mataron a Siyyid Muhammad y a dos cómplices, a pesar de los continuos de los consejos de Bahá'u'lláh.
                Estaba Bahá'u'lláh dictando Sus revelaciones a los amanuenses cuando se presentó el gobernador con un grupo de soldados a espada descubierta. Hizo rodear la casa y llevarse a Bahá'u'lláh y Abdu'l-Bahá para ser interrogados.
                Esta fue una de las copas más amargas que debió beber Bahá'u'lláh a lo largo de Su misión. El sufrimiento de un acto cometido por Sus propios seguidores a los que Él dedico toda Su vida para educarles. Él escribió después del hecho: "Mi cautiverio no puede hacerme daño...."
                Después de este suceso el trato de la población se volvió a agriar. Todos se volvieron nuevamente hostiles con los baha'is; tachándolos, al pasar, de ateos, impíos y terroristas. Incluso los niños eran apedreados en la calle por los otros muchachos. Con este acto se había destruido todo lo que se había logrado con la población. Los amigos ahora tenían que sufrir esta represalia de la gente, en especial Bahá'u'lláh.     


Los templarios

Es un hecho conocido que muchos estudiosos de la Biblia concluyeran que la segunda venida de Cristo estaba próxima a la época. Así un grupo de alemanes conocidos como los templarios abandonasen sus hogares, entusiasmados por encontrar al Señor, y se instalaron en Tierra Santa, ya que habían concluido, fundándose en las profecías, que el Mesías aparecería allí, y que los pueblos de todo el mundo Lo reconocerían y que Él establecería el Reino de Dios en la tierra. Comenzaron a llegar al pie del Monte Carmelo en el año que Bahá'u'lláh hacia Su declaración en Bagdad, y alzaron una colonia en 1868 situada a una milla de Haifa.
                Bahá'u'lláh reveló una tabla en respuesta a una carta de Georg Hardegg, cabeza de los templarios de Haifa, conocida como Tabla de Hirtík, cuyos versículos fueron revelados en la casa de Udí Khammár.
                En esta tabla Bahá'u'lláh ruega a Dios que Le ayude a comprender las verdades que se atesoran en ella y alude genéricamente a la revelación de Dios en esta época, pero no llega a afirmar de modo explícito Su propia condición, ni hace clara referencia a Su persona. La razón de este proceder quizá se deba a que Bahá'u'lláh, habiendo prohibido ya por entonces a Sus seguidores que enseñasen la Fe a los súbditos bajo dominio otomano, creyó imprudente proclamar Su estación de manera expresa ante los miembros de la colonia cristiana residente en Haifa. La Tabla también esta revelada en un lenguaje del misterio, para entender las alusiones simbólicas empleadas por Bahá'u'lláh es necesario estar muy familiarizado con las sagradas escrituras.

                Hardegg ni ningún otro miembro de la colonia cristiana fue capaz de reconocer la verdad del Mensaje de Bahá'u'lláh.

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