La llegada a ‘Akká
La
llegada de Bahá'u'lláh a Akká, Tierra Santa, la tierra prometida de Abraham por
Dios, había sido anunciada hace dos o tres mil años antes por los profetas del
pasado. Son numerosas las alusiones que se hacen en las grandes religiones
sobre esta región.
'Akká,
ciudad amurallada y rodeada por un doble sistema de rampas, la habitaban unas
gentes que Bahá'u'lláh condeno llamándolos una "generación de
víboras", carecía de toda fuente de agua dentro de sus recintos, estaba
infestada de pulgas y de un ambiente pútrido y húmedo.
Bahá'u'lláh
y Sus compañeros, unos 70 en total, llegan a la ciudad el 21 de agosto de 1868.
Era algo normal que los habitantes se reunieran en el puerto para contemplar el
desembarco de los prisioneros. Pero esta era una ocasión especial, según les
habían dicho, los que llegaban no eran solo criminales, sino que llegaba el "Dios de los persas" con sus
seguidores.
Antes
de que los prisioneros llegaran, el Muftí (gran sacerdote) había reunido a la
gente en la mezquita y les explico la clase de prisioneros que venían en
camino, denominándolos "enemigos de Dios, criminales de la peor clase y
viles malhechores". Les aconsejo evitar toda clase de contacto con ellos.
Así que es de esperar que al arribo de los prisioneros, los habitantes arrojaban
maldiciones y miradas de odio.
Su
llegada fue el comienzo de una crisis caracterizada por la amargura de los
sufrimientos, la severidad de las restricciones y la intensidad de la
agitación. Esta crisis se destacó no solo por los enemigos de afuera, sino
también por los enemigos internos y los atropellos cometidos por Sus creyentes.
Fueron tales las calamidades y humillaciones que sufrió Bahá'u'lláh dentro de
esta ciudad penal que fue asignada la "Más Grande Prisión".
Cuando
los prisioneros llegaron al puerto se hallaban todos cansados y enfermos. La
celda en la que tuvo que quedarse Bahá'u'lláh no reunía condiciones de
habitabilidad. Él mismo dice que el suelo estaba recubierto de tierra y que el
revoque del techo se caía a pedazos. Sus seguidores quedaron apiñados en otra
sala cuyo piso era un barrizal. La fetidez del aire y el hedor de la prisión
eran tal, que la hija de Bahá'u'lláh se desmayó. Los prisioneros tuvieron que
pasar la primera noche sin poder beber o comer.
Los
primeros días en la prisión, resultaron arduos y tortuoso en extremo. Durante
tres meses las autoridades no le permitieron a Bahá'u'lláh que acudiese al baño
público, que era el único lugar en donde se podía asearse. Los guardias tenían
órdenes estrictas de no permitir que nadie Le visitase.
En
cuanto a los demás encarcelados, las inmundas condiciones y la mala
alimentación hicieron que todos cayeron enfermos, excepto dos amigos, el
Maestro y otro más, que se tuvieron que ocupar de los enfermos por que las
autoridades no les suministraron ni un doctor ni medicamentos. Esta epidemia se
terminó por cobrar la vida de tres de los amigos.
'Abdu'r-Rahím
Muchos creyentes intentaron
alcanzar la presencia de su Bienamado, pero fueron muy pocos los que lo
lograron. Algunos tuvieron que contentarse con un pequeño vistazo a Su rostro,
y otros simplemente pudieron quedarse de pie, más allá del segundo foso,
mirando hacia la ventana de Su prisión. Gran cantidad de peregrinos caminaban
durante meses desde su hogar para intentar ver a Bahá'u'lláh, algunos incluso
desde Persia.
Uno de
estos peregrinos que alcanzó la presencia de Bahá'u'lláh fue 'Abdu'r-Rahím,
cuyo nombre original era Ja'far, pero Bahá'u'lláh le confirió en su lugar Rahím
(Compasivo). Este había sido un musulmán fanático en un principio. Al ver el
crecimiento de la Fe, busco consejo de un clérigo para saber qué actitud tomar
ante este hecho; el clérigo le contesto que "Combatirlos es tan meritorio
como participar en la guerra santa; matarlos es un acto meritorio a los ojos de
Dios y caer abatido es un privilegio que conlleva para el musulmán el honor del
martirio y la entrada en el paraíso".
Con
estas palabras 'Abdu'r-Rahím tomo la decisión de acabar con la vida de los
baha'is. Cierto día salió al paso de Hájí Babá, viejo creyente; con arma en
mano le explico las razones por las cuales lo iba a matar, a lo cual Hájí Babá,
con suma calma le dirigió unas palabras tan afectuosas que le llegaron al
corazón. Lo llevo a la casa de la hermana de Mullá Husayn, donde los amigos se reunían
para enseñar la Causa. Aquella reunión duro todo un día y 'Abdu'r-Rahím reconoció
la verdad de la Causa y sabiendo la Manifestación Suprema de Dios se hallaba en
esa tierra, le resultó imposible aplacar su deseo de ir a verlo.
Seis
meses a pie le llevó llegar a Akká a nuestro amigo. Su llegada tuvo lugar en
los primeros días del encarcelamiento de Bahá'u'lláh, cuando no se permitía a ningún
baha'i entrar a la ciudad. Así que empezó a circular la ciudad penal, cuando
para su sorpresa vio que desde una ventana una mano le indicaba que entrase.
Supo que era Bahá'u'lláh que le invitaba a Su presencia. Corrió hasta el portón
que estaba custodiado por los centinelas y paso como si estos estuviesen
muertos. Así 'Abdu'r-Rahím pudo alcanzar la presencia de su bienamado, quien le
dijo que había cegado temporalmente a los guardias para que pudiese pasar.
La
curiosa historia sigue en que Bahá'u'lláh le confió unas Tablas que había de
entregar a los creyentes persas. Un día mientras pasaba por Bagdad, atrajo la
atención de los guardas que sospecharon de él. 'Abdu'r-Rahím se percató de esto
y lanzo las Tablas, rápidamente sin que se dieran cuenta los guardas, al paso
de la tienda más cercana, pidiendo a Bahá'u'lláh que las protegiera. Los
guardas lo aprendieron, y lo detuvieron, luego en las interrogaciones, las
autoridades decidieron que no representaba ninguna amenaza. Fue liberado y le
dieron unas monedas en compensación de las molestias. Nuestro amigo miro las
monedas y pensó, me habéis hecho perder lo más valioso en este mundo y a cambio
me dan unas monedillas.
Regreso
al bazar, para buscar el paquete con las Tablas. Recorrió el bazar varias veces
y no pudo saber nada. Al final del día, cuando ya no había mas compradores, el
tendedero le hizo unas señas, se acercó, lo abrazo y le hizo un saludo baha'i (
Allah'u'Abha) y le entrego el paquete, resulto que era uno de los pocos baha'is
que residía en Bagdad.
Así,
'Abdu'r-Rahím pudo entregar las cartas a sus destinatarios y les contaba los
milagros que había presenciado. Cuando regreso a su ciudad natal era como una
bola de fuego prendida por Baha'u'lláh y comenzó a enseñar la Causa intrépidamente.
La muerte de la “Rama Más Pura”
Apenas habían transcurrido poco
menos de 2 años desde la llegada de Baha’u’llah a ‘Akká, cuando se produjo un
acontecimiento trágico y repentino: la infortunada muerte de Mirzá Mihdí,
titulado Rama Mas Pura.
Mirzá Mihdí no recordaba gran
cosa de la vida de lujos que había experimentado en teheran. Apenas alcanzaba
los cuatro años edad cuando Su padre encarcelado en el Siyáh-Chál, hecho que
fue acompañado de la confiscación de las posesiones paternas.
Fue en Bagdad, en el año 1860
donde quedo imantado por la revelación de su padre y desde entonces dedico cada
momento de su vida al servicio de Bahá’u’lláh.
Ya en Akká sirvió a Su padre como
amanuense.
La Rama Más Pura era parecido a
Abdu’l-Baha. Desplegó las mismas cualidades que El y los creyentes lo amaban y
veneraban.
Tenía la costumbre de subir a la
azotea de los barrancones para aprovechar el aire fresco y solía recorrer de
lado a lado meditando y recitando oraciones.
El 22 de julio de 1870 Bahaullah
le informo a Su hijo que no hacía falta que transcribiese nada, y en lugar de
eso podría subir a la azotea. Mientras estaba meditando con los ojos cerrados y
recitando se sumió en un estado de dicha y desprendimiento, cayo por una
claraboya abierta sobre una caja de madera que le ocasiono terribles heridas.
Todos al escuchar el estruendo
corrieron para ver lo sucedido. Trasladaron a la Rama Más Pura a la habitación
y llamaron al médico pero este dijo que nada se podía hacer.
Sabemos que Bahá’u’lláh
disponiendo el poder de vida y muerte en sus manos, le aseguro a Su hijo que si
deseaba vivir Dios le permitiría restablecerse con plena salud, pero Mírzá
Mihdí Le imploro a Bahá’u’lláh que aceptase su vida como rescate para que se
abriera las puertas de la prisión y que los amigos puedan llegar a la presencia
del Bienamado.
Así a las 22 horas del accidente
Mírzá Mihdi falleció. Poco después sacaron muchas de las restricciones que
regian en los cuarteles y varios creyentes que ansiaban alcanzar la presiencia
de Bahá’u’lláh pudieron hacerlo y al cabo de cuatro meses después de la
tragedia, Bahá’u’lláh y Sus compañeros pudieron abandonar los cuarteles de la
prisión y ser trasladados a una casa en la ciudad de ‘Akká.
La muerte de la Rama Más Pura ha
de verse como el sacrificio del propio Bahá’u’lláh. Shoghi Effendi asegura que
la Bendita Belleza ha exaltado la muerte de Mírzá Mihdi al rango de otros grandes
actos de expiación como la crucifixión de Jesucristo o el sacrificio del hijo
de Abraham.
El episodio de Siyyid Muhammad
Después de la salida de los
cuarteles, las autoridades alojaron a Bahá'u'lláh en distintas viviendas de
Akká, hasta caer en la casa de Udí Khammar, que fue Su residencia permanente
para el resto de su estancia en la ciudad. Esta casa era tan pequeña que unas
trece personas de ambos sexos tuvieron que acomodarse en una sola habitación.
La
gente de Akká había cambiado su trato con los prisioneros. Muchos de ellos
amaban a Abdu'l-Bahá. Esto hizo que las dificultades exteriores se suavizaran
para la familia y los compañeros, pero surgió una crisis interna que hizo sufrir
otra vez el corazón de Bahá'u'lláh.
Cuando
se separaron Mirza Yahya y Bahá'u'lláh en Adrianopolis, cuatro seguidores de
cada uno tendrían que acompañar al otro. Dentro de los seguidores de Mirza Yahya
que acompañaron a Bahá'u'lláh, se encontraba Siyyid Muhammad, hombre astuto y
mezquino, que figuraba entre los babies sin haberlo sentido nunca y los animaba
a robar santuarios y cometer actos monstruosos. Él con otro compañero suyo se
alojaron en una casa desde donde podían espiar a los baha'is que entraban en la
ciudad y causarles enormes dificultades. Además comenzaron a divulgar toda
clase de calumnias y la gente de Akká se las creía ya que pensaban que eran
compañeros de Bahá'u'lláh.
Así, la
paciencia de los fieles fue llegando a su fin y siete de los amigos conspiraron
clandestinamente y una noche mataron a Siyyid Muhammad y a dos cómplices, a
pesar de los continuos de los consejos de Bahá'u'lláh.
Estaba
Bahá'u'lláh dictando Sus revelaciones a los amanuenses cuando se presentó el
gobernador con un grupo de soldados a espada descubierta. Hizo rodear la casa y
llevarse a Bahá'u'lláh y Abdu'l-Bahá para ser interrogados.
Esta
fue una de las copas más amargas que debió beber Bahá'u'lláh a lo largo de Su
misión. El sufrimiento de un acto cometido por Sus propios seguidores a los que
Él dedico toda Su vida para educarles. Él escribió después del hecho: "Mi
cautiverio no puede hacerme daño...."
Después
de este suceso el trato de la población se volvió a agriar. Todos se volvieron
nuevamente hostiles con los baha'is; tachándolos, al pasar, de ateos, impíos y
terroristas. Incluso los niños eran apedreados en la calle por los otros
muchachos. Con este acto se había destruido todo lo que se había logrado con la
población. Los amigos ahora tenían que sufrir esta represalia de la gente, en
especial Bahá'u'lláh.
Los templarios
Es un hecho conocido que muchos
estudiosos de la Biblia concluyeran que la segunda venida de Cristo estaba
próxima a la época. Así un grupo de alemanes conocidos como los templarios
abandonasen sus hogares, entusiasmados por encontrar al Señor, y se instalaron
en Tierra Santa, ya que habían concluido, fundándose en las profecías, que el
Mesías aparecería allí, y que los pueblos de todo el mundo Lo reconocerían y
que Él establecería el Reino de Dios en la tierra. Comenzaron a llegar al pie
del Monte Carmelo en el año que Bahá'u'lláh hacia Su declaración en Bagdad, y
alzaron una colonia en 1868 situada a una milla de Haifa.
Bahá'u'lláh
reveló una tabla en respuesta a una carta de Georg Hardegg, cabeza de los
templarios de Haifa, conocida como Tabla de Hirtík, cuyos versículos fueron
revelados en la casa de Udí Khammár.
En esta
tabla Bahá'u'lláh ruega a Dios que Le ayude a comprender las verdades que se
atesoran en ella y alude genéricamente a la revelación de Dios en esta época,
pero no llega a afirmar de modo explícito Su propia condición, ni hace clara
referencia a Su persona. La razón de este proceder quizá se deba a que
Bahá'u'lláh, habiendo prohibido ya por entonces a Sus seguidores que enseñasen
la Fe a los súbditos bajo dominio otomano, creyó imprudente proclamar Su
estación de manera expresa ante los miembros de la colonia cristiana residente
en Haifa. La Tabla también esta revelada en un lenguaje del misterio, para
entender las alusiones simbólicas empleadas por Bahá'u'lláh es necesario estar
muy familiarizado con las sagradas escrituras.
Hardegg
ni ningún otro miembro de la colonia cristiana fue capaz de reconocer la verdad
del Mensaje de Bahá'u'lláh.

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